jueves, 30 de abril de 2009

::: Mamado de la publicidad de "La Mata que Mata" :::

Estoy tan harto de tal propaganda, con la dulce voz de una niña para lavarte el cerebro, que decidí no hacer una entrada, sino mas bien citar la de otro blog (más instructivo que este la verdad) para que dejemos tanta maricada de dejarnos manosear por la publicidad del gobierno. No tienen un poquito de vergüenza para echar por los suelos la historia de una planta que ha sido parte primordial de la historia indígena. Peor aún, ahora la satanizan de una manera vil como una mata que mata (¡LOL!) pasándole por encima a toda nuestra raza chibcha y difamando de todos los usos medicinales y religiosos que nuestros ancestros aplicaban (y aplican los que quedan) con la mata que salva y que purifica. Más bien son las FARC y los Paramilitares que matan, no la inocente hoja de coca. Me pregunto, si mis vecinos y compatriotas con el cerebro lavado de tanta propaganda nociva a lo que el campesino siembra y el indio recoge, vieran el cultivo de flores de amapola que mi inocente madre tenía en la terraza de nuestra casa hace 25 años, ¿opinarían lo mismo que opinaban los compatriotas y vecinos de ese tiempo? No hermanos, mi mamá con esas matas no mataba a nadie... y cito a tienenhuevo.blogspot cuando dicen :"después de ser verificado por los médicos de occidente, después de habérsele encontrado más de 80 propiedades nutricionales... el gobierno nacional... el mismo que tiene a más del "60%" de la población entre la miseria y la pobreza, la nombre como la "¡¡Mata que Mata¡¡" Que pena...

Pués de otro blog mejor que este http://prohibidoignorar.blogspot.com/

leámos a Alfredo Molano Bravo:


LA MATA QUE MATA

Por: Alfredo Molano Bravo

SE OYE POR RADIO LA ALMIBARADA voz de una niñita que habla de la mata que mata y de los ríos de sangre que corren en el país.
Los publicistas usan medios perversos como la utilización de voces infantiles —tiernas, consentidas, pegajosas— para crear en sus audiencias determinadas imágenes. Los niños que oyen esta abusiva propaganda de la Dirección de Estupefacientes —seguramente pagada con dineros de la DEA— tienen que imaginarse el país como una gran carnicería. Y a quienes cultivan la marihuana y la coca, campesinos, colonos e indígenas, como unos monstruosos asesinos con las manos untadas de sangre. Los niños tenderán a generalizar esta imagen y a mirar a cualquier pobre como un criminal.

Pero, además, Estupefacientes pone a los niños a decir mentiras y a creérselas, porque ninguna mata, mata. Y los pone a mentir en materia
grave: la guerra. ¿No es esta una manera cínica de meter a la niñez en los campos de batalla? Unicef, especializada en gritos de fariseos, no dice ni mu, y hasta con cierta razón, porque teme el papirotazo de su excelencia.

No hay ninguna mata que mate, o por lo menos que mate por contacto directo. Ni siquiera el borrachero, arboloco, cacao sabanero o floripondio mata a la gente. No hay ninguna mata a la que se le pueda echar la culpa de la guerra. Sólo en las mentes del Presidente y de algunos militares cabe la tesis de que hay "matas de cocaína", que es como decir que hay árboles de aspirina. Desde hace miles de años, la coca es un arbusto sagrado para la mayoría de comunidades indígenas; lo cultivan las mujeres, y sus hojas secas, mezcladas con hojas de yarumo tostadas o con conchitas molidas, son consumidas en forma ritual por los hombres adultos.

Sin la coca los indígenas no habrían resistido la salvaje invasión europea. Las hojas de coca no sólo no matan, sino que son de los alimentos más nutritivos que existen. La propaganda de la niñita a media lengua que llama a criminalizar a sus cultivadores hace parte de hecho, de la ola que legitima las masacres contra los pueblos kankuamo, emberas-chami, awá, y nasa, para hablar sólo de los grupos golpeados este año. La propaganda no es la culpable, claro está, pero justifica a los ojos de los niños matar a los que cultivan matas que matan. La verdad es otra: si a los indígenas les quitan sus matas de coca, los matan.

Uribe va en contravía de los vientos que corren en materia de drogas ilegales. Los ex presidentes Gaviria; Zedillo, de México, y Cardoso, de Brasil, han declarado que la "guerra a las drogas" ha fracasado rotundamente, e incluyen en ese fracaso el Plan Colombia. La guerra contra las drogas sólo ha dejado —¡esa sí!— muertos y corrupción y representa hoy la mayor amenaza contra la democracia y la paz. Los ex presidentes han pedido la descriminalización de la marihuana para uso personal. Sin duda, el mensaje está dirigido a Obama, con la idea no descabellada de que el nuevo gobernante "revise a profundidad" las políticas antidrogas.

Como era de esperarse, Uribe brincó a la media hora y ordenó a sus escuadrones parlamentarios cerrarle el paso a la legalización, enterrar la dosis mínima y tratar a los consumidores como enfermos mentales. La posición de Uribe va más allá de su guerrerismo y su pacatería; el tiro va —es evidente— contra Carlos Gaviria, que fue el magistrado ponente en la Corte Constitucional de la razonable dosis mínima, y contra Ernesto Samper, que hace años pidió lo que ahora Gaviria pide. Sólo cabe rezarle al padre Marianito que ni el Presidente ni su par de angelitos sufran cualquier día una crisis artrítica.

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